No tenemos un conocimiento descriptivo lo suficientemente sofisticado de la naturaleza humana (i.e. del cerebro y su relación con el resto del organismo) como para aventurarnos a hipotetizar sobre principios o causas subyacentes. Frazer nos dice que los comportamientos aparentemente arbitrarios o trivales obedecen a hipótesis o teorías válidas, aunque caducas y anticuadas. Jung sugiere un universo de arquetipos inconscientes, escritos, por así decirlo, en el papiro infinito de la filogenia. Dewey,, que lo reduce todo al hábito, se acerca más a la verdad, pero no deja de ofrecer principios rectores.