$\S$ Vida mía, ¿por qué me alejaste siempre de aquellos que más quise, y de las pocas personas que acepté en mi corazón? A mis tres amigos más hermosos los dejé en mi ciudad natal; a P la llevó la muerte; me enamoré de una joven llamada C... y, poco después, se fue a Buenos Aires; luego de I..., que se fue a Santiago; a S y a M las alejé de mí por años por acción de mi arrogancia intemperante; a mis hermanos, porque nuestra familia vivió rota y no quería comprenderlos; a mi madre por mi propia ignorancia, y a mi padre por la del mundo. Por eso a mis veintiún años consideré la muerte, y seriamente, y sopesé con sumo cuidado cada factor relevante, y decidí cómo me quitaría la vida. Pero la tarde preestablecida presentí una imagen, que no vi con los sentidos, sino que fue como un latido interior: un pastor rodeado de luz cuidaba de una oveja, y nada más. Y al sentir este latido me inundó la paz del mundo. Inmediatamente hablé con un amigo cristiano contándole todo, y me dijo «fue Cristo». Y yo le dije: «no fue nadie, fui yo, y lo que importa no es quién fue, sino que ahora no quiero morir».