$\S$ Recuerdo que una amante, con la que obré mal, me confesó un día que al conocerme presintió en mí una tristeza y una angustia inconmensurables. Y me sorprendió, no por no reconocerlo, sino por pensar que las ocultaba perfectamente. Tuvo razón, y porque me vio desnudo de este modo no quise que me viera nunca más. Porque quien me ve es quien puede herirme, o así razonaba entonces, sabiéndolo sólo a medias. Y me alejé sin decirle nada.