$\S$ Amiga del alma, ¿te hice daño? Daría mi vida veinte veces porque vivieras otra vez, porque pudieras ver el pulso crepitante de la luna, o abrieras los ojos para pensar: «he despertado». Porque te amé como pude, y como quise, pero no como necesitabas. Y porque, tras tu última internación, S volvió a mi vida y la amé todavía más, y me comprometí con ella, incluso cuando unos meses antes vos y yo nos escribíamos cartas de amor. ¿Qué sentiste al verme amándola de este modo, a ella, que era nuestra amiga? Poco después, abatida por la lucha interminable de tu adicción, te quitaste la vida; y para martirio de la mía, el último audio tuyo que poseo es el de tu voz diciéndome, entre sollozos, que me extrañabas. Y me aferro a duras penas a la luz de mi Cristo cuando, por la noche, un anhelo impulsivo me pide que lo escuche, sabiendo que rompería mi corazón, si tan solo sea por volver a escuchar tu voz. El reino de los cielos está dentro de nosotros, eso lo sé, y por eso sé que te llevo conmigo, y que cada obra de amor que haga es tu homenaje; porque no podría vivir si vivir fuera olvidarte.